2025
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Examinando 2025 por Materia "Becas en el Ecuador"
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- Ítem+2000 Alas ¡para volar!(Instituto Superior Tecnológico de Formación Profesional, Administrativa y Comercial, 2025-11-15) Paredes Parada, Wladimir; Villao, José Daniel; Lema Cachinell, Belinda; Delgado Saeteros, Emma ZulayLa formación técnica-tecnológica es un tema que ha ido ganando importancia en los últimos años en todo el mundo y, en el Ecuador, no es la excepción. Esto se debe particularmente a que la tecnología, en general, está jugando un papel cada vez más importante en nuestras vidas; está cambiando la forma en que trabajamos, aprendemos, nos comunicamos y nos relacionamos con los demás. Efectivamente, la tecnología está transformando la economía y el mercado laboral; los empleos que requieren formación técnica y tecnológica son cada vez más demandados. Por ejemplo, la industria manufacturera está automatizando muchas tareas, lo que requiere trabajadores con habilidades técnicas para operar y mantener las máquinas. Sólo en esta última década, la industria de servicios y comunicaciones han estado adoptando nuevas tecnologías, generando oportunidades emergentes de empleo para personas con formación técnica en áreas como computación, programación y diseño web. Estos sectores, presentan una creciente demanda laboral en perfiles vinculados a tecnologías de la información y comunicación, así como servicios (INEC, 2017, p. 81). Otro ejemplo es la industria automotriz, donde se evidencia una creciente demanda de mano de obra técnica para operar maquinaria especializada, programar procesos y realizar actividades complementarias. Según Rosales et al. (2021): “La industria automotriz […] es uno de los sectores más demandante de mano de obra especializada” (p. 3). Sin embargo, aún persiste una desconexión entre la oferta académica y las necesidades del mercado. Las universidades ecuatorianas ofrecen Ingeniería Automotriz, pero dicha formación no responde completamente a los requerimientos del campo laboral ecuatoriano orientadas hacia destrezas técnicas y operativas. (Rosales et al., 2021). Del mismo modo, en la industria petrolera y minera se mantiene esta brecha formativa. Aunque las universidades impartan Ingeniería en Minas y Petróleos, la industria nacional prioriza técnicos y tecnólogos “capaces de desempeñarse en campo con eficacia” (Rosales et al., 2021, p. 3). En consecuencia, en el contexto ecuatoriano, se evidencia una significativa brecha entre la oferta y la demanda de trabajadores con formación técnica y tecnológica. Esta situación obedece, en gran medida, a que el sistema educativo no está generando suficientes egresados con las competencias requeridas por el sector productivo, especialmente en áreas técnicas y operativas, propiciando situaciones como las relacionadas a la Ley Orgánica para la Planificación Integral de la Circunscripción Territorial Especial Amazónica (Suplemento Registro Oficial No. 245, 21 mayo 2018) la cual, establece que al menos el 70 % del personal en zonas petroleras debe ser residente local (Art. 5), requisito que, en muchos casos, no se cumple debido a la escasa formación técnica (Gobierno del Ecuador, 2018) Tal desfase formativo, se presume, puede constituirse en un obstáculo para el desarrollo industrial del país, ya que muchas vacantes en sectores estratégicos permanecen sin ser cubiertas debido a la falta de personal calificado (Ministerio de Educación, 2022; Centro de Investigaciones de Políticas Públicas [CIP], 2023). Por otro lado, a pesar de los significativos avances, los institutos de educación técnica y tecnológica del Ecuador aún enfrentan importantes desafíos para consolidar una oferta académica que responda de manera eficaz a las demandas reales de la industria nacional y al desarrollo social del país. Aunque se han planteado nuevas propuestas de formación en áreas emergentes como movilidad eléctrica, operación de maquinaria pesada, o especializaciones vinculadas a la industria minera y petrolera (por ejemplo, soldadura especializada o extracción de crudos pesados), su implementación ha sido limitada y no siempre articulada con las necesidades del aparato productivo nacional (Ministerio de Educación, 2022). Esta situación se ve agravada por factores socioculturales que han impedido que la educación técnica y tecnológica sea percibida como una opción formativa de alto valor. Persisten estigmas que la posicionan como una alternativa de menor prestigio frente a la educación universitaria tradicional, lo cual, limita tanto la demanda estudiantil como el reconocimiento institucional de este tipo de formación (Centro de Investigaciones de Políticas Públicas [CIP], 2023). En este sentido, la superación de estas barreras implica no solo un rediseño curricular pertinente y actualizado, sino también una transformación en la percepción social del rol estratégico que cumple la formación técnica en el desarrollo económico y productivo del país y, en ello, las Instituciones tecnológicas de educación superior, junto a las autoridades ecuatorianas, desarrollan esfuerzos que ya rinden sus frutos. A pesar de los esfuerzos recientes por fortalecer la educación técnica y tecnológica en Ecuador, la universidad continúa siendo la principal opción elegida por los estudiantes que egresan del nivel secundario. Esta preferencia responde, en parte, a la percepción social generalizada de que la educación universitaria ofrece mayores oportunidades de prestigio y movilidad social, frente a la formación técnica que aún arrastra estigmas históricos (Ministerio de Educación, 2022). Además, el impulso a la formación técnica y tecnológica es relativamente reciente en el país, consolidándose a partir de políticas públicas desarrolladas desde 2018, cuando se estableció un nuevo marco normativo y estratégico que orientó la transformación de la educación técnica a través del Plan Nacional de Educación y Formación Técnica y Profesional (Ministerio de Educación, 2022). Estas acciones han promovido una renovación curricular, la incorporación de nuevas carreras alineadas con sectores productivos estratégicos y la modernización de la infraestructura educativa. Ello, facilitará la promoción de un cambio cultural y aceptación social de este tipo de formación como una alternativa de calidad frente a la universidad, lo cual, está en plena construcción (CIP, 2023). El reciente fortalecimiento de la formación técnica y tecnológica en el Ecuador ha permitido que los estudiantes accedan a un título de tercer nivel profesional, el cual es equiparable, en términos académicos, al de las carreras universitarias tradicionales como las licenciaturas o ingenierías. Este avance ha sido posible gracias a las reformas implementadas en el marco del Plan Nacional de Educación y Formación Técnica y Profesional, que desde 2018 promueve el desarrollo de una oferta formativa pertinente y alineada con las demandas del sector productivo (Ministerio de Educación, 2022). A diferencia de otros países de la región, Ecuador ha establecido una categoría diferenciada denominada formación tecnológica universitaria, la cual solo puede ser ofrecida por instituciones acreditadas específicamente para este fin. Estas instituciones deben contar con carreras tecnológicas de al menos tres años de duración y cumplir con rigurosos estándares de calidad, lo que las habilita para otorgar títulos de tercer nivel equivalentes a los universitarios (Senescyt, 2016; Senescyt, 2023c). Uno de los objetivos principales de este modelo es permitir a los graduados técnicos y tecnológicos continuar con estudios de cuarto nivel, accediendo así a programas de maestrías tecnológicas; siendo el Ecuador el país pionero en la región, al promover que el estudiante de formación tecnológica alcance el 4to nivel, propiciando, además, el aumento de docentes especializados en la formación tecnológica. No obstante, a pesar de estos avances, persisten limitaciones en la cobertura y diversificación de la oferta formativa, lo que obliga a diversas industrias –como la petrolera y la minera– a recurrir a la contratación de personal extranjero con competencias técnicas específicas, o bien a emplear profesionales universitarios, como ingenieros o magísteres, para el cumplimiento de tareas netamente operativas. Esta práctica, además de generar sobrecalificación, permite justificar los esfuerzos entre el Estado y las Instituciones tecnológicas, en la consolidación de una formación técnica y tecnológica que responda eficazmente a las necesidades del aparato productivo nacional (CIP, 2023; Ministerio de Educación, 2022). Por tanto, la formación técnica y tecnológica debe ser comprendida como una inversión estratégica en el desarrollo sostenible de los países, al permitir la creación de una fuerza laboral capacitada para responder a las transformaciones del mercado laboral y a las demandas del aparato productivo. Diversos estudios han demostrado que los trabajadores con formación técnica poseen significativas oportunidades de acceder al empleo, percibir ingresos altos y contribuir de manera significativa al crecimiento económico tanto a nivel local como global (Banco Central del Ecuador, 2023). En el caso de Ecuador, resulta imperativo fortalecer este tipo de formación para cerrar la brecha existente entre la oferta educativa y la demanda laboral, particularmente en sectores estratégicos como la industria, tecnología, energía y la producción. La falta de competencias técnicas específicas ha sido identificada como uno de los principales obstáculos que enfrentan las empresas ecuatorianas para acceder a personal calificado, lo cual, limita su productividad y competitividad (Ministerio de Educación, 2022). A este respecto, el fortalecimiento de la educación técnica y tecnológica no sólo contribuiría a mejorar las condiciones de empleabilidad de los jóvenes y a reducir el fenómeno NINI (jóvenes que no estudian ni trabajan), donde el 19.8% de los jóvenes entre 15 a 29 años pertenece a este grupo en el país (Arce y Loja, 2025), sino que también se presenta como un camino viable para dinamizar el crecimiento económico, fomentar la innovación y mejorar la calidad de vida de la población (Bustamante Chán & Macías Plúas, 2024). En correspondencia con las necesidades del desarrollo productivo y social del país, el Estado ecuatoriano ha venido impulsando desde 2018 una serie de políticas públicas orientadas al fortalecimiento de la educación técnica y tecnológica. Estas estrategias han estado dirigidas al incremento de la matrícula en institutos técnicos y tecnológicos, a la creación de carreras pertinentes alineadas con sectores estratégicos del país y a la implementación de programas de becas completas para favorecer el acceso a este tipo de formación, especialmente entre jóvenes en situación de vulnerabilidad (Ministerio de Educación, 2022). Esta perspectiva es reafirmada por Paredes et al., (2024), cuando manifiestan: …la FTT emerge como un pilar fundamental para el desarrollo del país. Se trata de un bastión esencial para la diversificación económica, con capacidad para promover la creación de empresas y el emprendimiento con base en el uso de tecnología e innovación. (p. 21) En este orden de ideas, uno de los hitos más significativos en este proceso ocurrió en 2023, cuando se lanzó el programa Becas TEC, con el objetivo de otorgar 20.000 becas para estudios en instituciones de formación técnica y tecnológica particulares. Este programa se estructuró mediante alianzas público-privadas, donde el Estado ecuatoriano asumió el 50% del costo de la beca y la institución educativa particular el 50% restante. La iniciativa fue promovida por la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), y logró en tiempo récord la adjudicación de más de 18.000 becas en apenas seis meses, beneficiando principalmente a jóvenes de escasos recursos (Senescyt, 2023a). Como resultado del éxito alcanzado, en 2024, se amplió esta política a través de cuatro nuevos programas que mantienen un esquema similar de cofinanciamiento. Entre ellos destacan las becas para mujeres, becas dirigidas a carreras tecnológicas en áreas clave como petróleo e innovación digital, así como el programa Becas TIC Ecuador, con una inversión proyectada de 15,3 millones de dólares para beneficiar a estudiantes en áreas de tecnologías de la información y la comunicación (Senescyt, 2024a). Estas iniciativas han tenido un fuerte impacto social, ya que la mayoría de los beneficiarios provienen de los dos primeros quintiles de pobreza, lo que refuerza el rol transformador de la educación técnica y tecnológica. A diferencia de la educación universitaria tradicional, esta formación permite una inserción laboral más rápida y está estrechamente vinculada a sectores productivos que demandan habilidades técnicas específicas, generando así mejores condiciones para el desarrollo económico de las familias y la reducción de la pobreza estructural (Senescyt, 2024b). Desde estas realidades y transformaciones sociales recientes, surge la presente publicación. A lo largo de este libro, se abordará el papel estratégico de las becas para la formación técnica y tecnológica como agentes de cambio en el desarrollo local y regional. Se analizará cómo los estudiantes beneficiarios de estos programas no solo acceden a una educación superior de calidad, sino que también construyen su proyecto de vida con entusiasmo, compromiso y sentido de gratitud. Su formación les permite convertirse en profesionales capaces de aplicar conocimientos técnicos para resolver problemas del entorno, impulsar la productividad de las industrias, generar empleo, promover el desarrollo económico y contribuir activamente como ciudadanos responsables en sus comunidades. El eje de análisis de esta obra será la provincia de Santa Elena, en Ecuador. Esta provincia, caracterizada por altos niveles de pobreza y desigualdad social, no contaba hasta el año 2023 con una oferta de formación tecnológica formal. Sin embargo, gracias al programa Becas TEC impulsado por el Gobierno Nacional, se logró establecer una alianza público-privada que permitió la apertura de programas tecnológicos en instituciones particulares acreditadas. Para el año 2024, más de 2.000 estudiantes se encontraban matriculados en carreras técnicas y tecnológicas en esta provincia, generando oportunidades inéditas para cientos de jóvenes que históricamente habían estado excluidos del sistema de educación superior (Senescyt, 2023; 2024a). La implementación de esta política pública no solo fortalece las capacidades individuales, sino que también contribuye al desarrollo territorial sostenible. Se espera que el impacto de la formación técnica se refleje en la disminución de indicadores negativos como la violencia intrafamiliar, el desempleo, los homicidios y la delincuencia, al tiempo que se potencian los emprendimientos y el empleo pleno. Así, la inversión en educación técnica no es solo un gasto, sino una apuesta inteligente y estratégica por el futuro del país (Ministerio de Educación, 2022; Senescyt, 2024b). Esta obra está dirigida a estudiantes, docentes, investigadores, empresarios, gestores públicos y ciudadanos interesados en comprender cómo la educación técnica y tecnológica puede convertirse en una herramienta efectiva para el desarrollo local y regional. Asimismo, busca visibilizar buenas prácticas de política pública replicables en otros territorios del país y de América Latina, mediante el análisis de casos reales de beneficiarios cuyas trayectorias educativas y profesionales se han transformado positivamente gracias al acceso a estas becas.